viernes, 19 de enero de 2018

Reflexiones en el aeroplano

Por algún motivo, cuando era más joven sentía que tenía más que aportar al mundo. Estaba ansiosa por compartir mi sabiduría. Ahora soy mucho más sabia, las experiencias te van enseñando; y sin embargo ya no siento esa necesidad de transmitir lo aprendido. Es como si me hubiera dado cuenta de que no tiene sentido alumbrar al que quiere vivir a oscuras. Cada uno a lo suyo.

No. En realidad no. En realidad lo que ocurre es que antes escribir me servía para poner en orden mis ideas. Leer lo que pensaba, hacerlo real, reflexionar mientras veía las letras aparecer.... todo me servía para afirmarme en seguir dudando, en seguir reflexionando sobre mí o mi entorno. Ahora lo tengo todo más claro.

Nos entrenamos para perder menos el tiempo porque nos hacemos conscientes de que el tiempo se pierde por sí mismo. Sin embargo tomamos pobres elecciones a la hora de usarlo, mientras creemos que lo aprovechamos mejor que nunca. Ya no lo "malgastamos" pensando sobre gente que no merece la pena, situaciones que no nos corresponden, sentimientos que no deberíamos tener... Por el contrario creemos más productivo nutrirnos con las historias de otros, en streaming, en formato de red social, da igual. Es entretenimiento y eso no es perder el tiempo. Sólo lo es pensar de más. Tal vez sólo pensar.

A veces echo de menos los tiempos en los que pasaba horas delante de la pantalla planteándome por qué me sentía, o soy, tan diferente al resto. Hablando de la nada, del vacío, del amor, del frío... Ya "no tengo tiempo" casi ni para organizar de forma meditada lo que voy a hacer mañana. Ya no me planteo, sólo me planto.

He estado releyendo antiguos escritos, algunos con más de 10 años de antigüedad. Me ha resultado simpático ver cómo unos pocos son atemporales, da igual que los leas con 18, con 30, puede que incluso con 50... Siempre habrá una crisis. El mayor engaño que sentí fue pensar que mi crisis era cosa de la adolescencia. Es MENTIRA. Es invariable. Cuando eres adolescente, los adultos procuran dar esa sensación de templanza, de sosiego, de armonía interior. Mentira. Y bien gorda.

Por eso cuando a veces hablo con gente bastante más joven que yo les hago entender que sigo muy perdida con la vida, que eso no es malo. Que yo tampoco suelo ser feliz de forma constante. Que a veces es tu propia mente la que te pone las trabas, que hay cosas con las que vas a tener que aprender a convivir. Que no todos los consejos de gente buena son buenos. Que es mejor equivocarse por tu propia decisión que triunfar a medias por la decisión de otro.

Me pregunto por qué no escribiré más, aún tengo tantísimas dudas... Supongo que es otra época, estamos tan hiper-estimulados por la vida de los demás que ya no tiene nada de especial que alguien se anime públicamente a expresar lo que siente. Antes me agradaba ese toque de originalidad, no éramos muchos los que teníamos un blog.

Y aquí estoy, con la cabeza literalmente en las nubes, esperando aterrizar pronto.

¿El aburrimiento es productivo?

Qué más da... Vamos a ver otro capítulo.

lunes, 27 de marzo de 2017

Forzando

Estás en blanco. No es tan sencillo hablar de los sentimientos cuando te has forzado a auto-controlarlos. Una represión holgada. La intencionalidad inicial no era esa, es sólo un mero resultado de tu adaptación para conseguir sobrevivir. Es tú (¿inútil?) intento de alcanzar la madurez emocional. Estaba dentro de los planes.

Cuando algo madura, o se come, o se estropea. ¿Qué hacemos? Meterlo en la nevera. Así durará más.

Te fastidia. Te fastidia no entender. Te fastidia tener conflicto.

Te mintieron cuando dijeron que era cosa de la adolescencia.

Te jode no conformarte. La sencillez sin más. El no plantearse. Te lo repites como un mantra a ver si se interioriza de una vez: “menos preocuparse; más disfrutar”. O algo similar.

Lo vuelves a hacer: intentas forzar. Forzar las ideas, las palabras…
Todos forzamos: las sonrisas, las conversaciones, las respuestas… pero tú vuelves a intentarlo, forzarte a ti. Crear el ambiente propicio para la inspiración. Sientes que tienes que vomitar tus sentimientos, sabes que es terapéutico para ti; te sintoniza contigo misma. Pero ahora es distinto. No salen. Ya no sientes tan intensamente.

La pasión por uno mismo también se pierde.

La ganas de comerte el mundo, de aportar nuevas explicaciones a la vida, de crear teorías… son de otra forma. Has aprendido a no complicarte. Tampoco es malo, ahora eres más feliz y más tranquila. Pero quieres más, no es suficiente. Quieres aunar ambas cosas. Te rascas la cabeza pensando: “¿pero cómo?”

Cansancio.


Pensar es agotador cuando llevas tiempo desentrenado. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

Sé consciente


Es difícil tener un "momento consciente" cuando te rodeas de estímulos.

Ya no tienes tiempo para pensar... ¿o tal vez crees que hay cosas más importantes que reflexionar sobre cómo va tu día a día? Es posible. ¿Pero en qué dedicas al fin y al cabo tu tiempo libre? Ver series, ojear las redes sociales, leer algunos titulares, tal vez visitar esas páginas de inspiración, de listas interminables con fotos graciosas... Todo muy importante, sí. Anestesia.

Hasta la luz del salón estimula.
Intentas pensar, te preguntas: ¿qué sientes? Porque sabes que algo sientes pero no atinas bien a decir el qué. Te da miedo. ¿Acaso consideras que tus pilares actuales no son lo suficientemente fuertes como para incluir una introspección sin que tiemblen? ¿Tanto temes indagar? ¿Por qué?

Te quedas en blanco. Tu mente bloquea cualquier atisbo de auto-reflexión en un amago de supervivencia. Es inútil. La sensación es latente, palpable, algo hay ahí... Sólo que esta vez ya no sabes nombrarlo; y en cuanto empiezas a intentarlo... te evades. Lo rechazas.
Pero sólo hay sombra cuando también hay luz.
Tus ojos se dañarían si sólo mirases al sol, has de buscar el equilibrio para poder ver con claridad. La cantidad suficiente de luminosidad.

"Abraza lo que te ocurre". Alguien muy importante para mí me enseñó eso y no conseguí entenderlo bien hasta ahora. Salí del negro profundo y me obsesioné con el blanco y me estoy perdiendo tantos grises...

La luz del ordenador también estimula, distrae. Es increíble la cantidad de campanas electrónicas que pueden sonar aún siendo casi la una de la mañana.

Por favor, respira un poco. Tómate un par de momentos. PARA. No tengas prisa porque pase el día, no tengas prisa por gastar los momentos. Escucha, respira, siente...

Sé consciente.

martes, 21 de marzo de 2017

Principio

Déjalo salir… No intentes reprimirlo. No intentes encerrar a la tristeza dentro de un círculo de tiza porque saldrá y lo contaminará todo.

Entra en contacto con tu corazón.

En tu eterno propósito por diferenciar tus personalidades, categorizarlas y ponerles nombre, has descubierto la personalidad “mala”, Esa, como le llamas tú. La comparas con Hades, el Dios del inframundo. Dices de ella que es la diosa de tu inframundo interior. “Abajo” – dices – “está sola abajo, siendo la reina; pero desterrada”. 
¿Encuentras el fallo?
“Abajo” es tu corazón. El símbolo de tu tristeza está en tu corazón. Tu corazón es tu destierro.

Tienes miedo.

Pensabas que a medida que te hicieras mayor ibas a ir dejando de tener miedo; a tener más seguridad aún. No es cierto. Estás aún más aterrada. Sabes que te hundes pero no te ahogas… pero aun así, da miedo.

No debes sentirte culpable. Tienes una buena vida y aun así te falta algo; no te culpes. No es fácil, que no te engañen. Y menos para ti. Por mucho que intentes callarla, la hipersensibilidad sigue ahí. Simplemente ahora la enfocas de otra forma. Has engrasado un poco tu piel para que todo te resbale.
El dolor interno no es malo, abrázalo. Sólo abrázalo, no te regodees en él. ¿Por qué la pena da tanto frío y tanto calor a la vez?

¿Cuántas crisis habrá? ¿Mientras haya vida habrá crisis? ¿Mientras haya crisis habrá vida?

Te entiendes mucho mejor pero sin embargo te pareces más compleja siendo más simple que antes, a su vez. Echas de menos sentir como sentías antes. Aunque eres mucho más feliz ahora… Pero estabas en mayor sintonía contigo misma. Ya no sabes qué es lo que sientes o si es una versión adaptada de tus sentimientos por todas esas normas que has tenido que ir interiorizando. ¿Antes eras más egoísta? ¿O sólo te complicabas más?


¿Cuándo cesarán las preguntas?

Esta vez no quieres colofón; no hay frase final, porque esto vuelve a ser un principio.