lunes, 27 de marzo de 2017

Forzando

Estás en blanco. No es tan sencillo hablar de los sentimientos cuando te has forzado a auto-controlarlos. Una represión holgada. La intencionalidad inicial no era esa, es sólo un mero resultado de tu adaptación para conseguir sobrevivir. Es tú (¿inútil?) intento de alcanzar la madurez emocional. Estaba dentro de los planes.

Cuando algo madura, o se come, o se estropea. ¿Qué hacemos? Meterlo en la nevera. Así durará más.

Te fastidia. Te fastidia no entender. Te fastidia tener conflicto.

Te mintieron cuando dijeron que era cosa de la adolescencia.

Te jode no conformarte. La sencillez sin más. El no plantearse. Te lo repites como un mantra a ver si se interioriza de una vez: “menos preocuparse; más disfrutar”. O algo similar.

Lo vuelves a hacer: intentas forzar. Forzar las ideas, las palabras…
Todos forzamos: las sonrisas, las conversaciones, las respuestas… pero tú vuelves a intentarlo, forzarte a ti. Crear el ambiente propicio para la inspiración. Sientes que tienes que vomitar tus sentimientos, sabes que es terapéutico para ti; te sintoniza contigo misma. Pero ahora es distinto. No salen. Ya no sientes tan intensamente.

La pasión por uno mismo también se pierde.

La ganas de comerte el mundo, de aportar nuevas explicaciones a la vida, de crear teorías… son de otra forma. Has aprendido a no complicarte. Tampoco es malo, ahora eres más feliz y más tranquila. Pero quieres más, no es suficiente. Quieres aunar ambas cosas. Te rascas la cabeza pensando: “¿pero cómo?”

Cansancio.


Pensar es agotador cuando llevas tiempo desentrenado. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

Sé consciente


Es difícil tener un "momento consciente" cuando te rodeas de estímulos.

Ya no tienes tiempo para pensar... ¿o tal vez crees que hay cosas más importantes que reflexionar sobre cómo va tu día a día? Es posible. ¿Pero en qué dedicas al fin y al cabo tu tiempo libre? Ver series, ojear las redes sociales, leer algunos titulares, tal vez visitar esas páginas de inspiración, de listas interminables con fotos graciosas... Todo muy importante, sí. Anestesia.

Hasta la luz del salón estimula.
Intentas pensar, te preguntas: ¿qué sientes? Porque sabes que algo sientes pero no atinas bien a decir el qué. Te da miedo. ¿Acaso consideras que tus pilares actuales no son lo suficientemente fuertes como para incluir una introspección sin que tiemblen? ¿Tanto temes indagar? ¿Por qué?

Te quedas en blanco. Tu mente bloquea cualquier atisbo de auto-reflexión en un amago de supervivencia. Es inútil. La sensación es latente, palpable, algo hay ahí... Sólo que esta vez ya no sabes nombrarlo; y en cuanto empiezas a intentarlo... te evades. Lo rechazas.
Pero sólo hay sombra cuando también hay luz.
Tus ojos se dañarían si sólo mirases al sol, has de buscar el equilibrio para poder ver con claridad. La cantidad suficiente de luminosidad.

"Abraza lo que te ocurre". Alguien muy importante para mí me enseñó eso y no conseguí entenderlo bien hasta ahora. Salí del negro profundo y me obsesioné con el blanco y me estoy perdiendo tantos grises...

La luz del ordenador también estimula, distrae. Es increíble la cantidad de campanas electrónicas que pueden sonar aún siendo casi la una de la mañana.

Por favor, respira un poco. Tómate un par de momentos. PARA. No tengas prisa porque pase el día, no tengas prisa por gastar los momentos. Escucha, respira, siente...

Sé consciente.

martes, 21 de marzo de 2017

Principio

Déjalo salir… No intentes reprimirlo. No intentes encerrar a la tristeza dentro de un círculo de tiza porque saldrá y lo contaminará todo.

Entra en contacto con tu corazón.

En tu eterno propósito por diferenciar tus personalidades, categorizarlas y ponerles nombre, has descubierto la personalidad “mala”, Esa, como le llamas tú. La comparas con Hades, el Dios del inframundo. Dices de ella que es la diosa de tu inframundo interior. “Abajo” – dices – “está sola abajo, siendo la reina; pero desterrada”. 
¿Encuentras el fallo?
“Abajo” es tu corazón. El símbolo de tu tristeza está en tu corazón. Tu corazón es tu destierro.

Tienes miedo.

Pensabas que a medida que te hicieras mayor ibas a ir dejando de tener miedo; a tener más seguridad aún. No es cierto. Estás aún más aterrada. Sabes que te hundes pero no te ahogas… pero aun así, da miedo.

No debes sentirte culpable. Tienes una buena vida y aun así te falta algo; no te culpes. No es fácil, que no te engañen. Y menos para ti. Por mucho que intentes callarla, la hipersensibilidad sigue ahí. Simplemente ahora la enfocas de otra forma. Has engrasado un poco tu piel para que todo te resbale.
El dolor interno no es malo, abrázalo. Sólo abrázalo, no te regodees en él. ¿Por qué la pena da tanto frío y tanto calor a la vez?

¿Cuántas crisis habrá? ¿Mientras haya vida habrá crisis? ¿Mientras haya crisis habrá vida?

Te entiendes mucho mejor pero sin embargo te pareces más compleja siendo más simple que antes, a su vez. Echas de menos sentir como sentías antes. Aunque eres mucho más feliz ahora… Pero estabas en mayor sintonía contigo misma. Ya no sabes qué es lo que sientes o si es una versión adaptada de tus sentimientos por todas esas normas que has tenido que ir interiorizando. ¿Antes eras más egoísta? ¿O sólo te complicabas más?


¿Cuándo cesarán las preguntas?

Esta vez no quieres colofón; no hay frase final, porque esto vuelve a ser un principio.